lunes, 17 de agosto de 2015

Al final del día



Una noche más sentado en la cama con la consola encendida esperando que la madrugada llegue a su cénit para irse a dormir. Momento para reflexionar aunque no le guste, no entiende que está haciendo con su vida y lo peor de todo es que la mayor parte del tiempo parece que no le importa. A veces piensa que la vida es como un videojuego, en el que cuando llegas al final vuelves a empezar, pero tiene pinta de que no o por lo menos nadie ha vuelto para contarlo.
Noches como esta son en las que le da vueltas a la idea de que quizá le hubiera ido mejor siendo otro tipo de persona. Piensa en el pasado y aunque no le desagrade lo que ha vivido no puede evitar imaginarse como seria todo ahora si hubiese escogido otro camino; si todas aquellas noches que se quedó en casa hubiese salido a ver qué pasaba en la calle, si hubiese dejado la timidez a un lado y hubiese hecho las locuras que tocaban en aquello años, si hubiese sabido como decirle a aquella chica que le gustaba... Son muchas las dudas y, a pesar que sea impopular decirlo, está seguro de que ahora haría todo aquello que no hizo, que pensaba que no estaba bien o que simplemente creía que no iba con él.
Suspira y vuelve a poner los ojos sobre la pantalla y parece que por ese rato se olvida de todo, allí en ese mundo virtual se siente bien, cree que lo hace bien y eso le transmite seguridad, hasta que vuelve a levantar la mirada y con indiferencia aprieta el botón de off de la consola para que se apague la única luz que iluminaba esos últimos instantes del día, se tumba, cierra los ojos y se echa a dormir creyendo que mañana será otro día más porque la realidad es la que es y no se puede cambiar ¿o sí?